El sentido de la vida consiste en buscarle el sentido a las estrellas
Locutor de radio: Bueno, bueno, bueno. ¿Cómo te encuentras?
Motociclista del Dakar: Bueno, en fin, no sé ¿no? Bien, supongo. Dolorido, pero bueno.
Lr: Es que, como hemos podido saber, has tenido una caída realmente fuerte. Según nuestro informe te has fracturado tres costillas, tienes el bazo dañado, contusiones en cadera y cabeza, la pierna derecha muy dañada… En fin, ¿para qué seguir?
MD: Sí bueno ¿no? La verdad es que ha sido una caída con mala suerte. Pero, ¿qué se le va a hacer? Hay que seguir adelante, a pesar de la mala suerte y bueno, seguir ahí, al pie del cañón y, bueno, supongo que ahora a recuperarse y, bueno, en fin, qué se le va a hacer ¿no?
Lr: La verdad es que nos ha conmocionado mucho tu caída. La moto parece que se te cayó encima de la peor forma posible y te aplastó.
MD: Sí bueno ¿no? Tuve mala suerte y bueno, estas cosas pasan y hay que seguir ahí.
Lr: ¿Qué fue lo que pensaste cuando te viste por los aires? Quiero decir que cuando alguien está en esa situación, discúlpame por preguntarte esto pero, lo cierto es que nos ha conmocionado mucho tu accidente, como ya te hemos comentado. Pero, volviendo a la pregunta, cuando alguien está en semejante situación, ¿qué se le pasa a uno por la cabeza cuando ve… cuando ve a… a…. a la muerte? Sí, a la muerte, porque el accidente ha sido colosal. ¿Qué pensabas cuando, en ese breve segundo o segundos que duró el golpe, viste que podías no salir? ¿En qué pensabas? Es decir, ¿qué dice uno cuando se ve en el límite?
MD: Bueno, la verdad es que uno lo que dice es “¡mierda!”.
Lr: Ah, ya veo.
MD: Bueno sí ¿no?
Las cosas que me dices cuando callas
los pájaros que anidan en tus manos
el hueco de tu cuerpo entre las sábanas
el tiempo que pasamos insultándonos.
El miedo a la vejez y a los almanaques
lo taxis que corrían despavoridos
la dignidad perdida en cualquier parte
el violinista loco, los abrigos.
Las lunas que he besado yo en tus ojos
el denso olor a semen desbordado
la historia que se mofa de nosotros
las bragas que olvidaste en el armario.
El espacio que ocupas en mi alma
la muñeca salvada del incendio
la locura acechando agazapada.
La batalla diaria entre dos cuerpos
mi habitación con su cartel de toros
el llanto en las esquinas del olvido
las cenizas que quedan, los despojos
del hijo que jamás hemos tenido.
El tiempo del dolor, los agujeros
el gato que maullaba en el tejado
el pasado ladrando como un perro
el exilio, la dicha, los retratos.
La lluvia, el desamparo, los discursos
los papeles que nunca nos unieron
la redención que busco entre tus muslos
tu nombre en la cubierta del cuaderno.
Tu modo de abrigarme el corazón
la celda que ocupaste en una cárcel
mi barca a la deriva, mi canción
el bramido del viento entre los árboles.
El silencio que eximes como un muro
tantas cosas hermosas que se han muerto
el tiránico imperio del absurdo
los oscuros desvanes del deseo.
El padre que murió cuando eras niña
el beso que se pudre en nuestros labios
la cal de las paredes, la desidia
la playa que habitaban los gusanos.
El naufragio de tantas certidumbres
el derrumbe de dioses y de mitos
la oscuridad en torno como un túnel
la cama navegando en el vacío.
El desmoronamiento de la casa
el sexo rescatándonos del débil
el grito que oradó la madrugada
el amor como un rito en torno al juego.
El insomnio, la ausencia, las colillas
el arduo aprendizaje del respeto
las heridas que ya ni Dios nos quita
la mierda que arrastramos sin remedio.
Todo lo que nos dieron y quitaron
los años transcurridos tan deprisa
el pan que compartimos, las caricias
el peso que llevamos en las manos.
El otro día, paseando por el parque, me encontré ante una situación verdaderamente de almodovar. Un matrimonio, de mediana edad, peleaba de muy malos modos aunque sin alzar demasiado la voz. Conforme me acercaba me iba dando cuenta de la discusión. Hablaban, entre reproches de manos y giros de cabeza, de la custodia de los dos niños, al parecer suyos, de unos cinco años, cogido uno por su madre y otro por su padre, zarandeados por los aspavientos que se recriminaban. Los padres peleaban, a ojos de todos, incluso mios. Los niños lloraban a ojos incluso de sus padres. El que parecía ser un año mayor balbuceaba entre sollozos “dejad de pelearos, mamá”.
Me acerqué enfadado. Creo que les hablé como le habla un padre a un hijo cuando se ha portado mal. –Perdonad, perdonad. Creo que no os estáis dando cuenta de algo bastante serio. Lo peor de todo lo que os va a pasar no es el profundo daño que les estais haciendo y que no podréis aliviarles ya nunca, incluso cuando os deis cuenta y deseeis echar marcha atrás y cambiar las cosas. Tampoco será el pasar del tiempo y ni los remordimientos que vendrán con sus noches, ni que os veais a suplicar disculpas para aliviaros un poco. Lo peor de todo es que, aún cuando crezcan y se hagan hombres, jamás os perdonarán.
Al poco les vi alejarse del parque agarrados de la mano. Los dos niños iban al centro, y parecía que iban saltando según algún juego que solo ellos dos conocían. El padre, a la izquierda, miraba a la izquierda. La madre a la derecha, simétrica.
Solo les deseo suerte.
La soledad es un amigo muerto
Un pájaro herido
Un tormentoso tormento
La soledad es una navaja fría
Al destello de la noche
Como única compañía
La soledad viene y va
Según su solo antojo
Y el de nadie más
La soledad llega, a hurtadillas
y atrás espera ese momento
hasta ver una vida en ruinas
Y entonces desaparece de a poco
de silencio en silencio
hasta tocar el verdadero fondo
Y desde esa nada en el recuerdo
¡Nunca más, soledad
Nunca más ese infierno!
Me cago en la puta madre todos los hijos de perra que componen la Comisión competente que, sentadas en lujosos sillones de piel y a unos agradables 24 ºC han decidido sin tener ni puta idea ni de mi y ni de mi vida que no me dan la beca por:
100114: No acreditar suficientemente a juicio de la Comisión competente la independencia económica y/o familiar.
vivo fuera de, como ellos lo llaman la unidad familiar, desde el 20 de Abril de 2006 y estoy sin trabajo desde el 16 de Febrero de 2008, y ellos lo saben, así que a todos estos inútiles crónicos desalmados les digo que:
No soy independiente económicamente por:
…estoy en paro ( mirar mi vida laboral cabrones)
…no consigo un trabajo porque me dicen que no estoy cualificado ( necesito un título)
…no me dejan estudiar en la universidad de mi ciudad natal ( si me hubiesen dejado no tendría que estar pidiendo becas)
…al tener que desplazarme a vivir [para estudiar y conseguir un título que más tarde me permita obtener un trabajo y ser independiente económicamente] a otra ciudad y estar todos los bajos puentes ocupados por indígenas, alcohólicos y víctimas de la crisis me veo obligado a alquilar una vivienda ( que por cierto el dueño no cayó en la trampa y me obligó a pagar una mensualidad si quería habitar en ella)
…como además estoy independizado de mi familia me toca abonar religiosamente y todos los meses lo siguiente – alquiler piso + letra coche + seguro coche + línea internet + línea teléfono móvil + agua + electricidad + gas ciudad + gasolina + comida – relación documental que aporté.
Así que PUTOS CABRONES DE MIERDA, que pasen un bien día y un saludo afectuoso a sus santas madres.
Y por cierto, si tengo la suerte de conoceros algún día y la salud me permite sobreviviros, me gastaré el importe íntegro de la beca en llevaros flores.
PD: aún puedo alegar la resolución pero no se me ocurre nada!!
Por favor despiértenme cuando estéis seguros de que el mañana siempre depare algo nuevo y mejor a lo que tenemos y somos hoy.
Y los tiempos se echaron sobre él y nunca jamás volvió a despertar.
Señor, señor,….. tranquilícese y vaya reaccionando un poco más despacio. Le doy la bienvenida a lo que usted un día soñó.
Y lo que vió y sintió a partir de ese día le lleno los ojos de lágrimas.
La vida es un circo, una enorme sala donde se da una fiesta de disfraces, un carnaval eterno, una función improvisada.
La vida es un teatro donde, por mucho que la busques, no hay puerta de salida.
Hay un nuevo silencio. Un silencio ruidoso, una voz callada y chillona, un susurro desesperado. Como las hormigas que revolotean cuando las pisamos. Un enjambre de voces que no dicen nada, que no suenan, pero se oyen. Hay un gato en el tejado, un mendigo en el portal, un deportista corriendo en la noche.
Hay un nuevo silencio. Y me dice que jamás se marchará.
Hace poco me pidieron que escribiera una breve idea para una canción, un corto o una fábula. Rescaté este texto del baúl de los recuerdos, y aquí que lo pongo por petición expresa. No es de extrañar que se encuentren algunas rimas en la prosa porque, a propósito, se elaboró como un borrador abierto a terminarse en dodecasílabos asonantes o en un guión de cortometraje. En fin, que para tres gatos que leen el blog tampoco voy a explayarme demasiado.
***
Hace algún tiempo, que me esfuerzo en olvidar, tuve que abrir los ojos. Me engañaron. La persona a la que amaba no existía. Vi un ser maravilloso, lleno de luz y de sombras, hermoso, y le seguí como un lucero. Pero descubrí que aquel ser era de mentiras, miedos y recelos, y que detrás de esa máscara, escondido, vivía olvidado un ser incapaz de ver la luz del sol.
Entonces caí en la sombra más sombría, y de ella, aferrado con uñas y dientes al deseo de mi cuerpo de respirar, y no de mi deseo, salí más débil que nunca, como del Tártaro escapó Teseo. Pero decidí nunca más caer, y para ello tuve que andar un tiempo sin ropa, con frío, solo. Y de poco en poco había quién se acercaba, y de poco a poco algunos se quedaban. Yo les sonreía, y ellos me abrigaban. A algunos no respondí, y atrás quedaron en el camino, pero a otros conservé, y todavía siguen conmigo. Y en medio de aquel cálido abrazo, miré, valiente, decidido, y vi la luz que antes había perdido.
Me dejé llevar hasta más allá del amor de lo que nunca he ido, y de lo que nunca iré, porque una vez hube conseguido lo merecido, y una vez convecido de tenerlo, de nuevo lo he perdido.
Al hoyo, a la penumbra, a las lágrimas.
Vuelvo a abrir los ojos.





